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domingo, 24 de abril de 2022

HORIZONTE MARINO (POEMA RECITADO)

 

A continuación inserto el vídeo de mi canal de YouTube "Verso a verso" en el que recito el poema "Horizonte marino", perteneciente a mi poemario La esencia hallada (publicado en internet en el año 2007), y que fue integrado en mi libro antológico Interludio. Poesía escogida (Editorial Vértice, 2011).




  

DESPEGUE EN FLORENCIA (POEMA RECITADO)


De mi canal de YouTube "VERSO A VERSO", en el que por ahora he subido pocos vídeos, comparto a continuación uno en el que recito el poema "Despegue en Florencia", perteneciente a mi libro Poemas de la oficina en el siglo XXI (Editorial Círculo Rojo, 2019). 






 

jueves, 3 de marzo de 2022

RESEÑA DEL LIBRO PUNTOS DE FUGA - CUADERNO DE ALEMANIA, DE ROSA ROMOJARO

Reseña del libro Puntos de Fuga - Cuaderno de Alemania (Editorial Renacimiento, 2021), de la escritora Rosa Romojaro, publicada el 26 y el 27 de febrero de 2022 en las webs de la Asociación Colegial de Escritores, Sección de Andalucía, y de la Biblioteca de Escritores Andaluces (BECA). Las direcciones de internet son los siguientes:

https://www.aceandalucia.es/puntos-de-fuga-de-rosa-romojaro/   

https://www.bibliotecaescritoresandaluces.com/biblioteca/ensayo-y-critica-literaria/resenas-de-narrativa/




Reproduzco el texto:

Por Fuensanta Martín Quero

Puntos de Fuga

Rosa Romojaro

Editorial Renacimiento (Sevilla, 2021)

En unos versos del poema «Entre irse y quedarse», de Octavio Paz, sobre la contemplación del instante cotidiano se dice: «Todo es visible y todo es elusivo,/todo está cerca y todo es intocable». Es eso precisamente lo que, a primera vista, se aprecia en Puntos de Fuga, de Rosa Romojaro. Un libro que está escrito a partir de anotaciones que su autora fue vertiendo en pequeños trozos de papel durante un periodo aproximadamente de quince años y que constituyeron esos «puntos de fuga» visibles como instantes congelados en esos fragmentos mediante la palabra escrita, pero también elusivos en tanto que soslayan su individualidad temporal para construir una urdimbre, un tejido en el que se sustenta una historia ficcional cuyo tiempo deja de ser el de la autora y se traslada al del personaje/narrador(a). Razón por la cual la cercanía de las vivencias reflejadas en esos trozos de papel se difumina cuando el momento presente las deja atrás y se vuelven intocables, aunque completamente asequibles en la obra literaria que nos ocupa. El instante así retenido durante años se reconstruye en la imaginación de su autora y se transforma en ficción.

En la introducción del libro, denominada «Confidencias con el lector», Romojaro nos ofrece una panorámica sobre cuáles fueron las circunstancias que de forma genérica dieron pie a escribir esas notas «que guardaba en el bolso, al salir de casa, o en un bolsillo del abrigo o la chaqueta» (pág. 11), y que posteriormente transcribió en un «grueso cuaderno de pastas duras y floreadas» (pág. 11) que un amigo le trajo de Alemania. De ahí el subtítulo del libro («Cuaderno de Alemania»). Acontecimientos cambiantes propios de los seres humanos, el ajetreo diario, la pérdida de la vivienda del ático (entendida no solo como lugar sino como símbolo de libertad y encuentro personal) y la búsqueda de otra, así como los vaivenes de la cotidianidad dentro de un contexto urbano, dan muestra de que estamos ante un libro que constituye un reflejo de la época en la que vivimos con los condicionamientos característicos de una sociedad moderna. Manifiesta Rosa Romojaro en la introducción, que esos «papelitos» «fueron mi vía de escape, como diría Granham Greene, lo que me salvó de la pérdida de mi casa cerca del cielo y con ello de la pérdida de la libertad que allí había conseguido» (pág. 12). Existe una permeabilidad entre autobiografía y ficción, cuyos límites se difuminan en el libro. El deseo de huida viene ya anticipado en las dos citas previas al texto, sobre todo una de Peter Handke («Entrevista», El independiente, 6-5-90): «No hay nada más hermoso que la sensación de escapar». El propio título de esta obra es expresión de lo mismo.

El libro se estructura en tres partes que son coincidentes con tres etapas diferenciadas vividas por el personaje/narrador(a). La primera de ellas se sitúa a finales de los años 80 del pasado siglo: «ACABAN LOS 80. Trozos de papel para unir trizas». Hábilmente la autora utiliza un juego de palabras con dos vocablos (trozos/trizas), cuyos significados se refieren a fragmentos de algo, pero expresados con matices diferentes porque el segundo de ellos alude más bien a las vivencias y a los instantes reflejados en los trozos de papel. Esta parte se corresponde en cierto modo con la introducción o planteamiento de una estructura tradicional narrativa. El nudo o desarrollo se visualiza en la segunda,  en la que se entra de lleno en la problemática planteada a través de la catábasis (descenso) e inmersión en la misma, en tanto lo que se refleja en la tercera es el desenlace de la historia. A través de esos fragmentos narrativos que constituyen los pensamientos y observaciones con gran carga subjetiva de la narradora se nos presenta un ambiente urbano en el que se desarrolla su vida, con sus anécdotas cotidianas, sus desengaños y con una mirada hacia cuanto le rodea que se proyecta en cierto modo gris: «Es como si la belleza se hubiese escapado de las cosas» (pág. 25). El ruido de la ciudad, habitual en las urbes actuales, contribuye a la carencia de sosiego, experimentado como un elemento extorsionador más. Con todo ello, siente necesidad de espacios abiertos frente «a la opresión de hormigones y asfalto que ahora la constreñía» (pág. 34). Se menciona la pérdida de la casa y el descenso físico y emocional: «Ella perdió su casa. Y bajó a la jungla de las casas sombrías, llenas de ruido. Peregrinajes. Casas sin horizontes» (pág. 33), «Ya perdí mi sitio, ya perdí la naturaleza. Mi naturaleza» (pág. 43). Como consecuencia de todo esto aflora la necesidad de huida: «Salir, no dejar de salir, para salir de uno mismo» (pág. 35).

Tras la presentación de la historia en la primera parte, la segunda, titulada «EN LOS 90. El descenso de la casa del cielo (la catábasis) al infierno del asfalto y de las vanidades: Notas de huidas», se entra de lleno en ese descenso (o catábasis) vivencial del personaje/narradora. Se insiste en la añoranza de su casa del ático, en tanto se produce un peregrinaje a otras viviendas que no le satisfacen («En la casa última no hay reflejos», pág. 48). Es presa del agotamiento derivado del exceso de trabajo y de los «disgustos interiores». Los pensamientos pesimistas afloran, así como el exceso de sensibilidad.

El desenlace se resuelve mediante un movimiento inverso al anterior y se narra en la última parte del libro: «ENTRADO LOS 2000. De los lugares del desengaño a la vuelta (la anábasis) al origen. Señales del regreso». En esta, las anotaciones suelen ser más extensas que las anteriores, apareciendo a menudo como breves relatos. Se cuentan anécdotas, observaciones; afloran muchas reflexiones de diferente índole incluyendo las de carácter literario, lo que provoca que su lectura sea un auténtico deleite; y con frecuencia se insertan fragmentos de sus colaboraciones de prensa. Se produce una transformación del tono empleado, desde el pesimismo que se manifestaba en las anteriores partes hasta una percepción de la realidad de mayor sosiego y una recuperación de la alegría, de la belleza y del color de cuanto le rodea, aunque no de forma absoluta, sino progresivamente. Y es que el «regreso» tiene su proceso porque, como dijo el escritor y pensador francés Paul Valèry: «Sólo hay una cosa que hacer: rehacerse. Y no es sencillo». En esta última parte se proyecta una mirada dirigida más hacia el exterior y liberada en buena medida de connotaciones intimistas.

Si la estructura narrativa responde a un esquema tradicional (planteamiento, nudo y desenlace), no lo es en absoluto el estilo empleado. A lo largo de todo el libro son las anotaciones realizadas en esos trozos de papel, que posteriormente la autora transcribió en el cuaderno de Alemania regalado por su amigo, las que van trazando el relato. Se cuentan anécdotas de la vida cotidiana: en taxis, en autobuses, en las calles; observaciones de comportamientos de personas y del contexto exterior urbano; sueños y coincidencias… La ubicación principal en la que se desarrollan los acontecimientos es la ciudad de Málaga. Se mencionan calles y lugares concretos frecuentados por ella, si bien la protagonista visita otras ciudades a las que viaja por algún fin concreto. Entre todas las notas del libro destacan las que expresan sus vivencias como profesora, primero de instituto y, posteriormente, de universidad. Llama la atención igualmente la ingente cantidad de  autores y libros que menciona, así como de films, que constituyen elementos ensayísticos introducidos en una obra narrativa como esta y que le otorgan cierto carácter híbrido en cuanto al género literario. Al mismo tiempo, las continuas referencias que la autora realiza sobre el proceso creativo de la escritura, sus anotaciones previas a algunas de sus obras (poemas, relatos, novela), sobre su poesía, su narrativa y sus publicaciones periodísticas dan muestra de la importancia de esa faceta suya en su modus vivendi y en su personalidad, al tiempo que traza de manera subliminal un hilo argumental dentro de la historia que se narra. Se nos presenta, pues, tres vertientes de la narradora/personaje: su mundo interior intentando encajar dentro de un mundo exterior urbano que con frecuencia constituye un obstáculo para su libre albedrío, el rol que desarrolla como docente y su importante faceta como escritora. Tres vertientes que son inseparables y que la definen. Así pues, lo cotidiano y lo trascendente se entremezclan en esa sucesión de anotaciones que constituye el cuerpo narrativo del libro, de tal manera que, tras la lectura de cada una de ellas, se suscita un interés por conocer qué dirá la siguiente. Romojaro consigue crear así la tensión narrativa que hace que el lector(a) busque saber qué viene después.

En ese paréntesis de aproximadamente quince años se produce una evolución en la mirada de la narradora en el sentido ya indicado, cuyo fondo humano deja abierto al lector/a en forma de vivencias, de reflexiones y de conocimientos, de tal manera que resulta palpable. Se percibe su proximidad con este/a porque lo que se narra es un contarse a sí misma (autora) en un primer momento cuando aún no estaba creada la obra, y un contar (narradora) a la persona que lee tras la publicación del libro, creando así un espacio de confidencias entre ambas similar a lo que sucede en el género lírico. La historia exterior extraída de los fragmentos se relata paralelamente a una historia interior riquísima en matices y humanamente cercana.

Puntos de fuga es un libro envolvente en cuanto al contenido y original respecto a la forma como narrativa fragmentada creada mediante microtextos aparentemente inconexos entre sí. Fragmentos que tienen su significación individual propia e independiente y que, sin embargo, están dirigidos a otorgar cuerpo a la totalidad de la historia. La suma de esos fragmentos va creando una atmósfera de la cual emana el discurso narrativo que no se presenta abiertamente sino que el/la lector/a debe descubrir. Al mismo tiempo, esta obra, al estar construida mediante pequeñas teselas textuales, utiliza una técnica que es novedosa y propia de Romojaro y que recuerda de alguna manera las pinceladas del movimiento pictórico impresionista del siglo XIX: trazos breves, sin importar que de forma individual no se ajustaran a un modelo real (percepción subjetiva), pero que en su conjunto completaban una imagen. Rasgos que se perciben en este libro. Todo ello demuestra una pericia en la composición del mismo y una capacidad creativa con estilo propio que evidencia que Rosa Romojaro, escritora prestigiada por un elenco importante de premios literarios y reconocimientos, no solo aborda géneros diferentes (poesía, narrativa, ensayo, textos periodísticos), sino que nos presenta con Puntos de fuga (Cuaderno de Alemania) una forma de narración novedosa que solo puede partir de una gran escritora cuya creatividad resulta manifiesta. ¿Un subgénero tal vez? ¿Un tipo de narrativa fragmentada e impresionista que inaugura una nueva forma de novela? Solo queda ponerle nombre. El camino ya está iniciado.


RESEÑA DE MI LIBRO POEMAS DE LA OFICINA EN EL SIGLO XXI, POR AURORA GÁMEZ ENRÍQUEZ

En la revista Café Montaigne se ha publicado el 19 de febrero de 2022 la reseña que la escritora Aurora Gámez Enríquez ha realizado de mi libro Poemas de la oficina en el siglo XXI. La dirección de internet es la siguiente:

https://cafemontaigne.com/poemas-de-la-oficina-en-el-siglo-xxi-de-fuensanta-martin-quero-una-resena-de-aurora-gamez-enriquez/critica-literaria/admin/




CARMEN CONDE: EL DISCURSO FEMINISTA DE UNA GRAN ESCRITORA

En el número 17 de la revista Sur. Revista de Literatura (diciembre 2021), homenaje a Carmen Conde, la primera mujer en ingresar en la Real Academia Española, se puede leer el artículo "Carmen Conde: el discurso feminista de una gran escritora", en el que hago referencia precisamente al discurso de ingreso en la RAE pronunciado por ella el 28 de enero de 1979, si bien su nombramiento data de 1978. La dirección es la siguiente: http://www.sur-revista-de-literatura.com/Monografia17.html

Reproduzco el artículo:

CARMEN CONDE: EL DISCURSO FEMINISTA DE UNA GRAN ESCRITORA

Por Fuensanta Martín Quero

 

Perteneciente a la Generación del 27, Carmen Conde Abellán fue una escritora prolífica con más de un centenar de libros entre poesía en verso y prosa, teatro, novelas, ensayos, biografías... Obtuvo numerosos premios, entre ellos el Nacional de Poesía en 1967. Su ingreso en la Real Academia Española en 1978 constituyó un hito importante al ser la primera mujer en ser académica de número en dicha corporación.

Nació en Cartagena en 1907. Su actividad cultural y literaria fue incesante desde tempranas edades. Antes de cumplir los veinte años ya colaboraba en prensa, y posteriormente en periódicos nacionales como El Sol. Estudió Magisterio, y en 1931 contrajo matrimonio con el poeta Antonio Oliver Belmás,  con quien fundaría la Universidad Popular de Cartagena, cuya finalidad era que todas las clases sociales pudieran tener acceso a la educación y a la cultura. En esta primera etapa sus poemas estuvieron influidos, sobre todo, por la poesía de Juan Ramón Jiménez y Gabriel Miró, así como de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Ya durante la República, Carmen Conde tenía una presencia relevante como escritora.

En 1936, cuando estudiaba literatura en la Facultad de Letras de la Universidad de Valencia, en la que fue alumna de Dámaso Alonso, conoció a Amanda Junquera, que estaba casada con el catedrático de Historia Española Cayetano Alcázar Molina, y con la que mantuvo una relación amorosa, según ha afirmado (entre otro autores) José Luis Ferris en la biografía Carmen Conde: vida pasión y verso de una escritora olvidada.[i]

Cuando estalló la Guerra Civil, Antonio Oliver se alistó en el bando republicano. Al acabar la misma, este vivió recluido en Murcia en casa de su hermana y ella en la de su amiga Amanda Junquera. Según el filólogo y doctor en Literatura citado anteriormente, José Luis Ferris, estudioso de la vida y obra de Carmen Conde, esta «no sólo adquirió notoriedad durante la República sino que, en el verano de 1940, era una mujer procesada en busca y captura (…). Sin embargo, ella estaba en Madrid, en casa del matrimonio Alcázar-Junquera. El esposo de Amanda [Cayetano Alcázar] adoraba a Carmen y no dudó en protegerla, siendo él un franquista significado y una autoridad académica».[ii]

Durante los años 40, 50  y 60 la producción literaria de Carmen Conde fue muy prolífica. En 1941 ella y Amanda Junquera se instalaron en Madrid en la casa de Vicente Aleixandre, que residía en la planta baja, sita en calle Wellingtonia. Y entre 1944 y 1951 colaboró en Radio Nacional de España bajo el seudónimo de Florentina del Mar. Su producción literaria continuó durante las décadas posteriores hasta su fallecimiento, con 88 años, en 1996.

Respecto a su ingreso como académica de la RAE, Ferris opina que «En 1978, el pasado republicano de Carmen Conde estaba enterrado y más que enterrado. Nadie tenía conciencia de él. Lo que pesaba en contra de ella para ser elegida era todo lo contrario: su acomodo durante cuarenta años a la vida y la cultura de un país regido por la dictadura franquista.»[iii]

Pese a su importante trayectoria literaria y su extensa obra, cuya calidad ha sido merecedora de numerosos premios, tal como manifiesta Sonia Sánchez Martínez, Dra. en Filología Hispánica, Profesora de Lengua y Literatura y su Didáctica y Didáctica de la Gramática en el Máster ELE de la Universidad Camilo José Cela:

 

«Carmen Conde, aunque a algunos nos resulte inverosímil, es una mujer que no encontramos en un libro de texto, una escritora que no aparece incluida en su generación, al igual que Concha MéndezRosa ChacelJosefina de la TorreMª Teresa León o Ernestina de Champourcín»[iv].

El predominio de autores masculinos en el estudio de la historia de la literatura en ámbitos académicos y el exiguo elenco de  escritoras en textos educativos dan lugar a que, en la actualidad, existan voces que aboguen por una apertura del canon literario en el que se dé cabida a un mayor número de mujeres cuyas obras son consideradas referentes. La inverosimilitud expresada por Sonia Sánchez Martínez respecto al caso de Carmen Conde y de las demás autoras que cita es reflejo de ello.

Como recuerda la profesora de la Universidad de Granada y crítica literaria Remedios Sánchez en su libro Así que pasen treinta años…, «en palabras de Fokkema, “un canon de literatura puede ser definido a grandes trazos como una selección de textos bien conocidos y prestigiosos, que son usados en la educación y que sirven de marco de referencia en el criticismo literario”»[v]. Teniendo en cuenta esta definición, no parece que la obra de Carmen Conde pudiera estar incluida en el canon literario actual, al igual que históricamente ha sucedido con la de un importante número de mujeres escritoras, pese a la enjundia de su obra y de su trayectoria literaria. En el libro citado, Remedios Sánchez hace asimismo referencia a «las propuestas de Lilian S. Robinson y su idea de re-visitar el canon tradicional y sus valores intrínsecos con la idea de crear un contra-canon femenino atendiendo a su “creencia de que criterios ‘puramente’ literarios, como los que se han empleado para identificar a las mejores obras americanas, han mostrado inevitablemente predisposiciones a lo masculino”»[vi].

Siendo Carmen Conde consciente de esta inclinación histórica de arrinconar a las escritoras y de no otorgarles el valor considerado a las obras escritas por mujeres, fue significativo el alegato que en este sentido revelaba en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, titulado «Poesía ante el tiempo y la inmortalidad», pronunciado el 28 de enero de 1979. Al comienzo del mismo, se dirige a los Señores Académicos de la siguiente manera:

«Mis primeras palabras son de agradecimiento a vuestra generosidad al elegirme para un puesto que, secularmente, no se concedió a ninguna de nuestras grandes escritoras ya desaparecidas. Permitid que también manifieste mi homenaje de admiración y respeto a sus obras. Vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria»[vii].

Los temas centrales del discurso, como su título indica, giran en torno a «lo indescifrable del Tiempo», la importancia del mismo para los/as poetas y la «preocupación por la inmortalidad» de las obras literarias por parte de sus autores/as.[viii] Sobre una selección de algunos de ellos realiza unos comentarios en relación con los temas citados. El ensalzamiento de la poesía también se encuentra presente en su exposición. Y así dirá: «Ni evasiones del dolor ni rechazos a la alegría. Quienes lealmente crean poesía porque sí, saben de la necesidad de su verdad y de la defensa desinteresada de las causas perdidas» (pág. 11).

Sin embargo, paralelamente a estos temas, en determinados pasajes del discurso existe un claro mensaje feminista de Carmen Conde relativo a la consideración histórica hacia la mujer literata. Así lo pone de manifiesto cuando se centra en Gertrudis Gómez de Avellaneda, a la que cita en primer lugar, y en Carolina  Coronado, en segundo.

En los comentarios realizados sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, menciona a Juan Nicasio Gallego, prologuista «entusiasta» (expresará) de las Poesías de esta autora del Romanticismo. En relación al prólogo, manifestaba Carmen Conde en su disertación que «interesa resaltar algunos párrafos que revelan el concepto que en aquella época se mantenía sobre la poesía escrita por mujeres», dado que en palabras de Juan Nicasio «la publicación de un tomo de poesías, aun en lengua vulgar, escritas por una mujer que no es cosa frecuente en ningún país; en el nuestro es rarísima. Lope de Vega en su “Laurel de Apolo” sólo citó entre cerca de trescientos poetas castellanos, a una docena de poetisas, de las cuales no llegó a él ninguna de sus obras»[ix]. A raíz de lo cual se preguntaba Carmen Conde ante los Señores Académicos de la RAE: «¿cómo es que hay tan pocas [mujeres] que despunten por componer versos, y menos las que se atrevan a publicarlos…?». Nicasio Gallego reconoció los valores literarios de Avellaneda; sin embargo, como expresó la recién nombrada Académica, él «ve en doña Gertrudis que “todo en sus cantos es nervioso y varonil: así cuesta trabajo persuadirse que no son obra de un escritor del otro sexo”» (pág. 15).

Curioso es el caso que a continuación expuso durante su intervención ante los Señores Académicos al citar a Carolina Coronado. En este apartado manifestó que, precisamente otra mujer, Margarita Nelken, en el libro que publicó en los años treinta sobre las poetisas románticas españolas llamó a Carolina Coronado “la poetisa” y a Gertrudis Gómez de Avellaneda “el Poeta”, «influida sin duda por el que constituía peyorativo título más que reconocimiento de una obra lírica importante» (pág. 21). Ante ello, Conde defendió en su discurso que tanto una como la otra son dos grandes poetisas. Y dijo expresamente: «En ambas cuenta la ternura, lo apasionado, lo religioso (lo torrencial les es común), y, a veces, lo no tan suave y femenil» (pág. 21). A lo que añadió que «En el extenso poema dedicado “A las poetisas”, de Carolina, hay una seria protesta por la escasa atención que despertaban  en los medios cerradamente intelectuales» (págs. 21 y 22).

El ingreso el 9 de febrero de 1978 de Carmen Conde en la Real Academia Española, una institución históricamente inmovilista y reticente a los cambios, supuso el inicio de una apertura, el intersticio por el que por primera vez una mujer ocupaba una silla (letra ‘K’) dentro de la misma, y un giro de tendencia en consonancia con el advenimiento de la democracia en nuestro país y los principios en los que esta se sustenta, recogidos en el articulado de la propia Constitución española aprobada ese mismo año, entre los cuales se encuentran el derecho a la igualdad sin discriminación, entre otros motivos, por razón de sexo.

Desde que se fundó la Real Academia Española en 1713, hace más de 300 años, hasta hoy han formado parte de ella un total de 486 académicos entre los que solo 11 han sido mujeres.

No cabe duda de que Carmen Conde es un referente en la historia de la literatura en lengua castellana, especialmente en el género lírico. Su importante obra y su trayectoria literaria lo evidencian. Pero, igualmente, su posicionamiento feminista en defensa de las mujeres escritoras, frente a la indiferencia que los valores patriarcales han proyectado históricamente sobre sus obras, constituye una brújula para el camino que en este sentido aún hoy en día queda por rehacer en la literatura y la cultura en general.

 


[i] Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Carmen_Conde

[ii] MALVAR, A. (2018, febrero). Carmen Conde, de las barricadas republicanas a la película ‘Raza’. Recuperado de: https://www.publico.es/sociedad/40-anos-primera-mujer-rae-carmen-conde-barricadas-republicanas-pelicula-raza.html

[iii] Ídem.

[iv] SÁNCHEZ MARTÍNEZ, S. (2020, agosto). Carmen Conde, la esencia de una poeta olvidada. El plural.com. Tribuna feminista. Recuperado de: https://tribunafeminista.elplural.com/2020/08/carmen-conde-la-esencia-de-una-poeta-olvidada/

[v] SÁNCHEZ, R. (2018). Así que pasen treinta años… Historia interna de la poesía española contemporánea (1950-2017). Madrid, AKAL UNIVERSITARIA.

[vi] Ib.

[vii] CONDE ABELLÁN, C. (1979). Poesía ante el tiempo y la inmortalidad. Discurso de ingreso en la Real Academia Española, pronunciado el 28 de enero de 1979 por Carmen Conde Abellán.

Recuperado de: https://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_ingreso_Carmen_Conde.pdf   

[viii] Ib.

[ix] Ib.

 

viernes, 17 de diciembre de 2021

COMPROMISO Y RESILIENCIA: VIKINGA, DE ISABEL PÉREZ MONTALBÁN

En la revista República de las Letras, de la Asociación Colegial de Escritores de España, se publicó el día 4 de noviembre de 2021 la crítica literaria que he escrito al libro de poemas Vikinga (Col. Visor de Poesía, 2020), de Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964). Emoción e intelecto unidos en un excelente poemario que ha sido reconocido con el XLI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla (2019). El enlace es el siguiente:

https://republicadelasletras.acescritores.com/2021/11/04/compromiso-y-resiliencia-vikinga-de-isabel-perez-montalban/



viernes, 13 de agosto de 2021

LA BUENA SUERTE, DE ROSA MONTERO


Crítica literaria realizada por mí a la novela La buena suerte, de Rosa Montero (Edit. Alfaguara, 2020). Ha sido publicada el 14 de junio de 2021 en la web de la Asociación Colegial de Escritores-Sección de Andalucía. La dirección es la siguiente:

https://www.aceandalucia.es/la-buena-suerte/ 

El texto es el que sigue:

La buena suerte, de Rosa Montero (Edit. Alfaguara, 2020)

Por Fuensanta Martín Quero

 

A través de una historia de amor y con una escritura que seduce en cada párrafo, Rosa Montero plantea como telón de fondo en La buena suerte una reflexión acerca del mal, la actitud que se puede adoptar ante este y el triunfo de la vida pese a todo.

  

Hay quien afirma que considerar que se tiene buena o mala suerte es una cuestión de percepción; es decir, aquello de ver el vaso medio lleno o medio vacío. De una parte está el optimista nato que filtra cualquier situación, por adversa que sea, a través de una especie de tamiz que depura y desecha cualquier visión oscura de la realidad y deja a la vista el resplandor de lo bello o, sencillamente, de la calma, y, de otra parte, el pesimista que, aunque en palabras de Mario Benedetti no es más que “un optimista bien informado”, arrastra sobre sí mismo un cúmulo de experiencias vitales transformadas en opacidades cargadas de pesadumbres y miedos. Claro está, entre ambos existe toda una gama de personalidades intermedias.

Esa polaridad es la que se observa en La buena suerte, la última novela publicada de Rosa Montero (Edit. Alfaguara, 2020). En ella nos encontramos con una trama nada compleja, pero bien construida y con una narración capaz de seducir desde el primer párrafo. A través de una historia de amor entre una mujer rumana de alrededor de cuarenta años y un arquitecto afamado pasado de los cincuenta, la autora plantea temas cruciales que irán emergiendo a lo largo de la narración. Ambos personajes son antagónicos y complementarios entre sí. Tanto él como ella han tenido un pasado duro, lleno de adversidades, y, sin embargo, la percepción que cada uno experimenta de esas vivencias y de sus respectivas realidades los sitúan en polos opuestos. La mujer es un dechado de vitalidad, lo que se refleja en sus actos e incluso en sus ademanes y en su manera de moverse; es resuelta y capaz de dar un giro de ciento ochenta grados en la forma de concebir las situaciones más escabrosas, hasta tal punto de que llega a considerar que tuvo muy buena suerte cuando, como consecuencia de un accidente de tráfico que le dejó secuelas físicas, perdió la consciencia, no enterándose así ni del dolor que pudiera haber sufrido ni de la operación que los médicos le practicaron. En cambio, él se instala en una parálisis emocional que lo conduce a ocultarse en un pueblo medio vacío, feo, deprimente, casi perdido y ajeno a lo que conocemos por civilización. El propio nombre de este conjunto de edificaciones viejas y desangeladas es significativo porque desvela la metáfora que en sí mismo expresa: Pozonegro. Que es como decir abismo. Desde esa parálisis emocional el arquitecto va evolucionando lentamente a lo largo de la novela gracias a la vitalidad que va recibiendo de la rumana hasta volver a encontrar el camino de vuelta hacia sí mismo y hacia su antiguo mundo urbano. Se podría decir que él es rescatado por ella, pero igualmente ella, pese a la percepción optimista que tiene de la realidad, también es rescatada por él de su soledad y del ambiente turbio del pueblo, en el que habitan personajes raros y con frecuencia pertenecientes al inframundo, un lugar en el que la vida se encuentra baldía entre viviendas, calles y rincones casi muertos. En ese ambiente, las vidas de Pablo y de Raluca, que así se llaman ambos personajes, coinciden y van a ir fraguando una relación que de amistad pasa a ser amorosa, cuyo final (feliz o no) le corresponde al lector o lectora averiguar.

Es un libro de lectura amena, en el que resalta la capacidad de su autora para mantener el pulso con una narración limpia, sin recargamientos y con una soltura expresiva propia de una gran narradora que permite deleitarnos en cada página sin esperar al final. Utiliza simbolismos, imágenes y metáforas que se presentan en forma de contextos o de elementos físicos como el tren que pasa justo por delante del viejo bloque de pisos en el que se ha instalado el arquitecto, y cuyo sonido onomatopéyico lo incluye la autora en diferentes pasajes con significados diferentes, a veces reflejando oscuras emociones, y otras, eufóricas esperanzas, según el momento narrativo. Rosa Montero muestra asimismo una gran habilidad a la hora de cambiar de narrador a lo largo de los capítulos que, dicho sea de paso, cierra magistralmente. Así, a través de pensamientos contados en primera persona, desvela las maldades engendradas en la mente de uno de los personajes más funestos de la novela.

Es precisamente el Mal, escrito con mayúscula inicial en el libro (personificación que pretende resaltarlo dándole cuerpo y nombre propio), el que constituye uno de los temas centrales de la narración. Pero el mal al que se refiere es al que procede de las personas, es el daño que unos individuos infligen a otros; o mejor dicho, la capacidad de realizarlo que tienen aquellos. En este sentido, la autora plantea una reflexión acerca de la crueldad al dejar entrever un gran interrogante al respecto: el porqué de esa maldad extrema.

Pululan personajes en la narración que pertenecen a ese tipo de seres que pueblan nuestro mundo, cuyas maldades son capaces de destruir, de provocar sufrimientos, de causar dolor y muerte no solo a otras personas sino también a animales, porque Rosa Montero se suele manifestar defensora de los derechos de estos, es sensible a la crueldad que se pueda practicar a los mismos, y esa sensibilidad la evidencia (yo diría que como mensaje de denuncia en el que no quiere olvidarse de ellos) en uno de los capítulos del libro donde se describe una situación cruenta y desgarradora de una perra que ha sido asesinada por individuos viles y despiadados.

A lo largo de la novela surgen personajes, pensamientos de algunos de ellos, ambientes, acciones, recuerdos y lugares que van encarnando ese Mal con mayúscula, el daño causado o que se intenta causar a inocentes por gente sin escrúpulos. Y, sin embargo, la historia que se cuenta en primer plano atenúa el efecto agrio que todos esos elementos pudieran provocar en el/la lector/a. La acidez se modula sin que por ello se niegue su existencia. Así, en uno de sus últimos capítulos, y también de los más largos, con el que se llega al clímax de la historia, el arquitecto se dirige en plena noche a la mina abandonada que antaño constituyó el motor económico del pueblo y que se encuentra a varios kilómetros de este, en donde tendrá que entregar una suma de dinero considerable a unos individuos que lo están extorsionando y que pertenecen al mundo de la delincuencia. El instigador principal de ese grupo no llega a aparecer en ningún momento de la narración aunque es el que está detrás de una serie de actos violentos a los que Pablo se ve sometido. Ese personaje constituye la presencia metaforizada del Mal. El entorno de la mina, sin embargo, es descrito de forma sublime por la autora a pesar de la decrepitud del ambiente: el abandono, la suciedad, la ruina física, la nocturnidad proyectada sobre los objetos viejos y sobre las pilas de restos de minerales, o la boca oscura de la mina con su apariencia de enigma y de pérdida, se describen con una gran carga simbólica y hasta se podría decir que casi poética. Todo ese contexto constituye en sí mismo un nuevo símbolo del Mal, un lugar físico en el que los pensamientos del protagonista se exacerban a través de una afluencia de imágenes de experiencias pasadas, unas idas y venidas de emociones, a veces contrapuestas, debatidas entre el amor, la culpabilidad, la tristeza, el arrepentimiento, el horror y el miedo.

Existe, como digo, un planteamiento de fondo en la novela sobre la maldad y la crueldad suavizado por una historia de amor y por las actitudes vitalistas de Raluca, que se presenta como un personaje de contrapunto cuya forma de pensar y de actuar ofrece una posibilidad de salvación, porque frente a las maldades de este mundo se sitúa la gente que con sus actos las contrarrestan, y este es precisamente uno de los mensajes subyacentes del libro. El Bien (también con mayúscula inicial) frente al Mal. Pablo, en cambio, es víctima de este último, y su percepción de la vida lo ahonda aún más en su victimismo. A través de los pensamientos de este personaje se vislumbra la faceta periodística de Rosa Montero al contarnos sucesos que han acaecido en la realidad y que en su momento fueron objeto de noticia por los medios de comunicación. Hechos horribles y violentos de hijos e hijas secuestrados y torturados por sus padres durante años, de hombres que violaron y asesinaron a sus hijas, a otras jóvenes y a sus mujeres, o de masacres colectivas llevadas a cabo sin escrúpulos por jóvenes «con el cerebro podrido por los dogmas» o por algún individuo de apariencia normal que en un determinado momento de su vida dejó de serlo y que la autora aprovecha para dejar abierto un nuevo planteamiento acerca de la posible raíz biológica de algunos de estos comportamientos. Lo que pone de manifiesto sobre todo a través de una historia contada en el libro Incógnito del neurocientífico David Eagleman, que leyó Pablo, relativa a una matanza colectiva que perpetró un estadounidense de 25 años en 1966 disparando a la gente que pasaba por la calle desde la torre de la Universidad de Texas, en Austin. La noche anterior dejó una nota escrita reconociendo la existencia de pensamientos irracionales que le abordaban en los tiempos previos a aquella atrocidad, precedida, además, por el apuñalamiento a su madre y a su esposa, pese a quererla mucho. Un joven que había sido considerado antes de aquel acto horrible como «el típico buen chico» y que de forma inexplicable se había transformado en el verdugo de aquella tragedia colectiva. ¿Podría haber tenido que ver en el cambio de comportamiento de ese  individuo el hecho de que en su cerebro se formara un tumor pequeño que le oprimía la amígdala, glándula situada en el interior del mismo donde se gestionan nuestras emociones?¿Realmente era responsable de sus actos, o no lo era del todo?, se cuestiona la autora dejando esta reflexión abierta. Y, por extensión, podríamos preguntarnos: ¿dónde reside el origen del mal infligido por ciertas personas? ¿Tiene este una base biológica? Preguntas que no exculpan de la malignidad de tales crueldades, sino más bien constituyen el resultado de la incapacidad de poder asumir que existan sujetos que lleguen a provocar tanto daño y sufrimiento. La novela plantea la búsqueda de una explicación que, en definitiva, parece inalcanzable.

En este sentido, y dicho sea de paso, en los años setenta del pasado siglo se llevó a cabo un experimento por parte del psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo, con el objetivo de determinar hasta qué punto la conducta maligna o benigna de los individuos está determinada por el contexto al que pertenecen, es decir, por una condición externa a los mismos. Para ello se utilizaron los sótanos de la universidad, que se acondicionaron como si fueran cárceles, de tal manera que parecieran reales, y se seleccionó a un grupo de estudiantes con un perfil de personas normales a los que se le asignaron roles de guardianes a unos y de prisioneros a otros, debiendo convivir de esta forma durante algunas semanas. Pocos días después, el experimento tuvo que ser suspendido debido al alto nivel de tensión que se generó entre los estudiantes, llegándose a producir escenas de violencia física y trato vejatorio. Se demostró así que personas que a priori tienen una naturaleza buena pueden convertirse en auténticos seres perversos como consecuencia de la influencia del ambiente. Sin embargo, el propio Philip Zimbardo, en una entrevista realizada por Eduardo Punset en el programa REDES, de RTVE, titulado La pendiente resbaladiza de la maldad, emitido el 4 de abril de 2010, reconoció que una misma situación puede provocar que ciertas personas actúen violentamente y, en cambio, en otro tipo de personas influye en sentido inverso convirtiéndolas en héroes que se entregan a una causa que beneficia a los demás. ¿Existe, pues, un determinismo en las conductas que producen daño?

Como digo, los planteamientos que giran en torno a la existencia del mal originado por cierto tipo de gente y sus nefastas consecuencias en los seres humanos constituyen uno de los temas de fondo de La buena suerte. Pero, al mismo tiempo, la percepción que cada cual adopta ante él vertebra esta narración. Todo ello conducido por una historia de amor que se nos presenta en primer plano y una parálisis emocional en la que el protagonista principal se encuentra y de la que se va a ir liberando poco a poco a medida que los hechos y el tiempo transcurren. La maldad aqueja a nuestro mundo, pero simultáneamente la bondad que la contrarresta existe de manera inequívoca. Este es un mensaje alentador que la autora nos deja en una narración que seduce y atrapa en cada párrafo y cuya historia encierra en sí misma planteamientos  importantes. Adoptar una actitud maligna o benigna es cuestión, a priori, de una decisión (condicionada o no por el ambiente, por la biología o por ambos), como también lo es la percepción que de ello podamos asumir, porque, a pesar de todo, la vida sigue y la oscuridad podrá convertirse en noche estrellada o en abismo, según queramos verla. El mal, la actitud ante la adversidad, y el Amor (también con mayúscula) como medio de salvación. Estos son los temas cruciales y la reflexión que Rosa Montero deja abierta en esta novela en la que se apuesta claramente por la vida, pese a todo. Una reflexión de incuestionable raíz humanista.

 


miércoles, 19 de mayo de 2021

ARTÍCULO SOBRE POEMAS DE LA OFICINA, DE MARIO BENEDETTI

En el número 16 de Sur. Revista de Literatura, correspondiente al mes de abril de 2021, se ha publicado un artículo escrito por mí recientemente sobre el libro Poemas de la oficina, de Mario Benedetti, con el que el poeta uruguayo se dio a conocer a mediados de los años cincuenta del pasado siglo. En él ofrezco un análisis pormenorizado del libro. Para poder leerlo hay que entrar en el siguiente enlace (artículo número 9): http://www.sur-revista-de-literatura.com/Monografia16.html






 

jueves, 29 de abril de 2021

TRES POEMAS DE LA PALABRA QUE LLEGA Y SU TRADUCCIÓN AL ALEMÁN

Se ha publicado en el día de ayer (28 de abril de 2021) en la Revista Almiar tres poemas cortos de mi plaquette La palabra que llega (Colección de poesía Wallada, nº 10, Edit. ExLibric, 2020), y su traducción al alemán por la poeta Alice Wagner.

Este es el enlace:

https://margencero.es/almiar/la-palabra-que-llega/







 


domingo, 18 de abril de 2021

CRÍTICA LITERARIA A MI LIBRO POEMAS DE LA OFICINA EN EL SIGLO XXI, POR INMACULADA GARCÍA HARO

La escritora malagueña Inmaculada García Haro ha publicado una crítica literaria realizada a mi libro Poemas de la oficina en el siglo XXI (Editorial Círculo Rojo, 2019) en la web de la Asociación Colegial de Escritores de España-Sección de Andalucía. La dirección es la siguiente:

http://www.aceandalucia.org/index.php?id=noticia0&tx_ttnews%5Btt_news%5D=33108&cHash=412f56f76d995301cbfd7f585


  

BIBLIOTECA DE ESCRITORAS/ES ANDALUCES (BECA)


DIRECTORIO:

 https://www.bibliotecaescritoresandaluces.com/fuensanta-martin-quero/


VIDEOTECA:

https://www.bibliotecaescritoresandaluces.com/horizonte-marino-del-libro-la-esencia-hallada-2007-por-fuensanta-martin-quero/

FOTONECA DE POESÍA

A continuación dejo la dirección para poder acceder al vídeo publicado en la Fonoteca de Poesía, en el que leo tres poemas de los que soy autora y que están incluidos en mi libro Interludio.Poesía escogida:

https://fonotecapoesia.com/fuensanta-martin-quero/


HORIZONTE MARINO (POEMA RECITADO)

  A continuación inserto el vídeo de mi canal de YouTube "Verso a verso" en el que recito el poema "Horizonte marino", p...